EL SABER
PEDAGÓGICO
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educadesdelaciencia.blogspot.cl, creado por Lilian Arellano Rodríguez
Estimados alumnos,
alumnas: han elegido un arduo camino pero el más importante de todos: no sólo
hay que poseer los saberes propios de la física, química, matemática,
informática, inglés, biología, artes…. Hay que saber enseñarlos, llevarlos
hasta la sala de clases, provocar el encuentro con la vida, el universo
moviéndose, la música, las fuerzas de la naturaleza, el ser humano, sus
creencias … pero hay que enseñarlos hasta que el ser humano que, aunque por
vocación luego sea un químico, por sobre todo sea una gran persona que admire y
respete al artista y, si es artista lo admire y respete a él y, ambos, admiren
y valoren al barredor de una plaza o universidad: todos somos valiosos, todos
somos seres humanos, todos debemos ser valorados pues todos los seres de buena
voluntad, somos indispensables en el juego de nuestras complejas existencias.
Perspectiva pedagógica: En cuanto la educación implica la
realización de procesos, acciones, organización, formalización y legalización
de los mismos a niveles no sólo personales o interpersonales, sino de grandes
comunidades (país, ciudad, relaciones internacionales, etc.) surge el profesional de la educación que acredita
un saber educativo y pedagógico, esto es, un saber investigar, crear,
organizar, enseñar y evaluar situaciones, acciones, procesos, recursos, obras y
políticas educativas de diverso alcance o impacto y de diversa índole o
especialización (Pedagogía en Educación Parvularia o Pedagogía en diversas
artes, ciencias o tecnología, Educación diferencial, Educación Básica,
Educación Adultos, etc.)
El saber pedagógico se sustenta en el saber de la educación: La
educación es una dimensión real (perfeccionamiento voluntario) que caracteriza
la existencia humana; el saber de la educación es el saber descubrir la
educación, con el propósito de entenderla como acción, proceso, cualidad. La
relación, por lo tanto, que existe entre saber de la educación y educación, es
análoga a la que hay entre biología y vida, historia y acontecimiento, física y
movimiento, química y materia. Por lo
tanto, la educación es un momento real que caracteriza realmente a una persona
X y el saber de la educación es
entendimiento que tenemos de ella. El
saber pedagógico, en cambio, pertenece al saber hacer algo; en este caso:
educar. Ahora bien, dado que la
educación es autoeducación, el pedagogo se especializa en crear situaciones
educativas que insten al educando a iniciar y desarrollar su procesos
educativos. A esta capacidad de crear
ámbitos educativos le llamamos “enseñar” o “educatividad”.
Cuando explicamos el saber hacer algo,
distinguimos el saber hacer algo útil, y le llamamos saber técnico, y el saber
hacer obras bellas, a lo que llamamos saber de las artes; antes, hablamos del
saber actuar bien o saber moral y, por último, del saber descubrir o saber de
la filosofía, las ciencias. Ahora bien, el saber pedagógico se sustenta
en el saber descubrir que, en este caso, es el saber sobre la educación. En cuanto saber pedagógico es un saber crear
situaciones educativas pero –no para hacer directamente una obra útil o bella
como lo hace el constructor de puentes o el músico, que actúan directamente
sobre la materia a transformar de acuerdo con su plan, material y competencias
profesionales. Así, si el constructor es
competente, los planos, suelo y el material son de buena calidad, podemos asegurar la calidad de
la obra. En el caso del saber
pedagógico, dado que la educación es algo que ocurre voluntariamente y en lo
más íntimo de nuestro ser, la causa o determinante de nuestra calidad personal
es cada cual. Estrictamente hablando:
cada uno es educador de sí mismo; por lo cual, el pedagogo lo que hace es
“enseñar”, esto es, llevar al aula situaciones que “señaliza” para que el alumno se detenga ante
ellas, vaya a su encuentro, las indague,
evalúe. El pedagogo, quien debe conocer
a sus educandos, su mundo, anhelos, proyectos, temores, creencias, ideas… debe
llevar ante él la realidad a indagar y enseñarle a hacerlo; entregarle un
lenguaje para que pueda pensar, comunicarse, dialogar; enseñarle métodos
(caminos) y estrategias (técnicas, instrumentos) para que pueda adentrarse en
esa realidad; darle los tiempos e instancias para la re-flexión, esto es, para
volverse sobre sí mismo y evaluar el sentido que tiene el descubrimiento que
está haciendo, tanto para su propia existencia como para la de los demás…
El pedagogo requiere una gran
reciedumbre moral, una sólida formación ética, pues está ante educandos que
confían en que él realmente les enseñará y no manipulará… Un pedagogo inmoral
puede deformar la información, omitiendo aspectos de la misma, desvalorizando
lo que a él le interesa o conviene a través del lenguaje, actitud o mofa; desproporcionando algunos aspectos según su
conveniencia; amedrentando con el uso de reglamentos o la calificación como
poder; haciendo sentir inferior al educando con sus conocimientos; abusando, en
diversos ámbitos, de la inocencia, ignorancia (no por incapacidad sino por años
de estudio y de experiencia) y debilidad del niño o adolescente y/o de sus
apoderados… Nuestra “materia” no es
arcilla ni papel que si echamos a perder arrojamos a la basura o se borra y
rehace… Trabajamos para guiar almas humanas que llegan a nuestras aulas, cada
vez más solitarias, confundidas, dolidas, agresivas, abandonadas…
Mientras el médico que saber hacer algo
–sanar- puede ver al enfermo ya sano, gracias a sus remedios o intervenciones y
el arquitecto observa el puente que antes fue su plano… el pedagogo y educador
no sabe lo que pasa en el alma de su alumno, pues el alumno, generalmente, se
da cuenta de la importancia del maestro cuando ya han pasado los años, o bien,
no se percata de que la obra del profesor es la humilde pero significativa
enseñanza de la que, probablemente, ni el mismo maestro se dio cuenta; pues no
sólo enseñamos lo que nos proponemos
sino que podemos enseñar con tan sólo un gesto, una palabra, una actitud de
equidad, comprensión, afecto…
Principales perspectivas del saber que fundamenta el saber pedagógico,
para acceder a un saber entender la educación: Por cuanto la filosofía es el saber de los
fundamentos del saber, en cualquiera de sus formas, el saber pedagógico se
sustenta en tres disciplinas filosóficas: Ontología, antropología y axiología
(ética) de la educación.
Perspectiva Ontológica: Desde esta perspectiva de saber - saber de
la realidad y sus atributos, saber del ser- saber primero en cuanto es la base
de todo otro saber, la educación es
estudiada como una forma voluntaria de perfeccionarse, de confirmar el ser que
somos (nuestra esencia) al ir existiendo. En este sentido, el saber de la
educación requiere tener una perspectiva sobre qué es realidad, qué niveles
ontológicos de realidad existen, cuáles son los atributos de la realidad, cuál
es la estructura de la realidad; pues de la visión ontológica que se postule,
dependerá la visión: a) de ideal de hombre que queramos educar, b) de ideal y
finalidad educativa, c) de la
naturaleza, límites, alcances y formas del saber y del quehacer pedagógicos, d)
de las obras, proyectos e idea de mundo que se postulen, e) respecto la forma,
deberes y derechos que otorguemos a los agentes educativos, f) el alcance y
formas que se otorgue a la educación formal y no formal y g) y directriz
política y económica del sistema educativo y h) moral profesional y ciudadana.
Perspectiva Antropológica: Mirada desde esta perspectiva, la educación es un atributo del ser
humano, que lo caracteriza como persona más o menos educada. En este sentido,
la educación alude a la actualización de nuestra existencia, de acuerdo con
nuestra real perfección de ser, esto es, con lo que auténticamente
(esencialmente) somos. La educación conmueve nuestra existencia desde el
auténtico ser que somos, desde y en nuestra intimidad. En este sentido, la
educación requiere cumplir con el imperativo “Conócete a ti mismo” y es
autoeducación. El profesor educador, es
quien debe saber cómo influir o crear las condiciones necesarias para que la
voluntad del educando despliegue sus potencialidades, en orden a su auténtico
auto- perfeccionamiento y al servicio de su vocación y misión de servicio. Son
objeto de estudio de esta disciplina filosófica: el ser humano en cuanto
educador (como agente educativo) y en cuando educable, esto es, educando. La complejidad de la realidad humana, debido
a su riqueza de ser y a las diversas visiones respecto de su esencia y
existencia, da lugar a diversas formas de entender las dimensiones humanas y
educativas, la finalidad de la existencia y de la educación, el deber y derecho
de los diversos agentes educativos, esto es, familia, iglesia, estado, escuela,
medios de comunicación social, la importancia de los medios educativos y las
formas y modelos educativos.
Perspectiva ética: Mirada la educación desde una perspectiva ética,
es una forma de realización de nuestra
existencia, acorde la asunción de los auténticos valores que, en cuanto
realizados por la persona, pasan a formar parte de su ser, siendo entonces
llamados “virtudes”. Las virtudes morales son actitudes o disposiciones a
actuar conforme el bien, distinguiéndolo del mal y del aparente bien o
distinguiendo entre bienes particulares, bien común, bien final, bienes menores
o bienes mayores. Las virtudes morales
caracterizarán nuestro ser como más o menos honesto, bondadoso. La ética es la
disciplina filosófica que estudia y norma la moral. Más amplia es la llamada axiología (axios=
valor) que estudia la relación entre el hombre y los valores morales, estéticos
(referidos a la belleza) e intelectuales (referidos a la verdad). Dependiendo
de la visión ontológica y antropológica, la visión ética será distinta, lo que
incidirá en lo que se llama la causa ejemplar educativa, esto es, el modelo o
ideal de hombre a formar. Una visión
hedonista de ética, buscará el placer y bienestar por sobre todo otro bien; una
ética del deber pondrá como máximo bien cumplir con el deber, una ética del
consenso buscará acuerdos sociales por mayoría, una ética teológica tendrá como
criterio de actuar correcto su visión de Dios….
En fin, la ética implica un interesante y eterno tema de debate que es
irreconciliable si se da desde una postura ideológica pero que si se da desde
lo que corresponde en este ámbito – desde una actitud filosófica- se pueden
establecer algunas verdades fundamentales sobre las cuales habrá acuerdo no por
consenso de mayorías sino por aceptación de la verdad real.
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