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creado por Lilian Arellano Rodríguez
CIUDADELA
UNIVERSITARIA
Porque la Filosofía es una actitud de vida, una constante
búsqueda y compromiso con la verdad, el bien y la belleza… Porque la
universidad es una vocación de amor por el Universo... Porque a la universidad
no se va sino se hace… Porque el educador cultiva la filosofía, ciencias y
artes para forjar la nobleza del alma...
Les invito a hacer, de estas páginas, una ciudadela
universitaria para el encuentro de quienes se unen en la vocación de educar.
Bienvenidos
Los atributos de la realidad: ser, actuar y valer, nos
permitirán sentar las bases del saber sobre la educación: Este saber lo
podremos llamar, entonces: Ontología de la Educación; pues responderá a las
interrogantes ¿Es real la educación, posee substantividad o es parte de una
realidad; existe y de qué forma, qué o
quiénes son educables, cuál es su relación con la verdad, bien y belleza;
quiénes son sus actores y cuál es la forma de relacionarse con ellos; por qué y
para qué de su existencia…?
1º La educación es una nota real que pertenece a
cada persona. Tú, yo…, somos cada uno una realidad cuya esencia nos hace
ser quien somos (tales) y nos da la substantividad necesaria para existir como
una realidad tal y no como parte de otra realidad. La educación no nos hace
personas, sino porque somos personas somos educables (poseemos la potencialidad
de educarnos) y actuamos educativamente.
2º La educación es una acción real, derivada
de la combinación funcional cuerpo – espíritu. La actuación del espíritu sobre
nuestro cuerpo o del cuerpo sobre el espíritu, hace que surja en nosotros el
deseo de perfeccionarse: educación es el
perfeccionamiento voluntario de nuestro ser personal.
3º El
perfeccionamiento educativo no es instantáneo, implica un proceso que se inicia
con la intención de educarse. La
intención es una actuación de la voluntad que debe mantenerse a pesar de los
obstáculos que encontremos en el camino
4º La intención de ser mejores como personas
implica decisiones educativas (y hay que saber decidir en forma oportuna,
constante y correcta) e innumerables, constantes y esforzadas acciones
educativas que pongan en acto aquellas decisiones. No es suficiente la intención para ser
mejores, hay que ser perseverante, hacer lo que se debe hacer para ser quien se
debe ser. A veces, la lucha no es con
los límites del organismo sino con la falta de perseverancia, la indisciplina o
desorden, la flojera, la comodidad, las conveniencias…
5º Nuestra existencia es perfectiva hasta el
último instante de vida: siempre podremos ser mejores: más generosos, más
justos, más misericordiosos, más prudentes: más sabio-amantes. Sabio es quien saborea la verdad; no sólo
descubre la verdad real sino la ama, esto es,
la asume como principio de vida que por amor al Universo y a los mundos
que en él conviven, se dedica a entender
y enseñar.
6º No sólo hay que descubrir la naturaleza, hay
que amarla y cultivarla; no sólo hay que descubrir al ser humano, hay que
amarlo y cultivarlo; no sólo tenemos que descubrirnos a nosotros mismos,
tenemos que amarnos y cultivarnos.
La
educación implica la realización del valor de nuestra realidad; no sólo su
descubrimiento. Podemos descubrir el
bien real y no realizarlo; descubrir la verdad real y no realizarla, descubrir
la belleza real y no realizarla… Ahora bien, quien descubre y realiza su ser
real, es feliz y descubre que es feliz quien hace feliz a los demás: Quiere
saber más del cuerpo humano, para sanar o disminuir el dolor de los enfermos;
quiere saber qué es la justicia para ser más justo y contribuir con leyes más
justas y hacer juicios justos, quiere entender
la naturaleza para nutrir la tierra…
Por ello la educación tiene que ver con la felicidad; pues quien realiza
su verdadera realidad es feliz cooperando con la realización de los demás.
7º Por ello, no es lo mismo persona instruida o
erudita que persona educada o culta; no es lo mismo instructor que educador.
Llamamos instrucción a la adquisición y entrega de conocimientos, estrategias,
habilidades específicas. Así, hablamos
de instructor e instruidos. Una persona puede tener 18 años de instrucción y
ser muy instruido en justicia: saberse las leyes, dar conferencias sobre lo que
es la justicia y él, realmente, ser injusto, esto es, no educado. La instrucción no nos dice quién realmente
eres tú; la educación, sí. Por ello,
hablar de la calidad de la educación es hablar de la calidad de persona que
queremos ser: es una cuestión de moral, de formación de valores y no de mera
instrucción.
8º La educación es autoeducación pues sólo cada uno puede educarse a sí
mismo: nadie puede existir mi existencia, pensar mis pensamientos, decidir mis
decisiones: Cuando digo “decide tú” ya estoy decidiendo… Por mucho que amemos
una persona, no podemos doler su dolor: cada cual duele su dolor de muela y se
alegra con sus alegrías. Si tú estás
triste, tal vez también me ponga triste; entonces seremos dos personas tristes,
cada uno sintiendo su tristeza sólo que en compañía del otro. Por lo mismo, sólo cada uno debe tomar la
decisión de educarse, actuar educativamente, perfeccionarse, ser mejor ¿Si la educación es autoeducación, por qué hablamos, entonces, de grandes o
malos educadores y de la profesión de educar?
9º Debemos hacer una distinción entre causa e
influencia: la causa es la determinante de la existencia de algo; siempre es
interna o íntima. La causa de que un
vidrio se quiebre cuando se le tira una piedra, es su fragilidad; si no fuera
frágil no se quebraría ni con un balazo; de hecho, existen vidrios antibalas. En cambio, llamamos influencia para referirnos
a lo que ayuda o dificulta la acción de la causa: para que un vidrio frágil se
quiebre, es suficiente echarle agua caliente, tirarlo a suelo, pegarle un
cabezazo, un terremoto… etc. Aplicado al
ser humano, podemos decir que si la persona es débil de voluntad (causa) es
fácil que cualquiera la convenza (influencia).
Respecto a la educación, debemos decir que cada cual es causa de su
educación – es autoeducación- sólo yo soy educador de mí mismo. El profesor,
nuestros padres, los medios de comunicación pueden influir más o menos o nada –
positiva o negativamente- en mi educación.
La influencia dependerá de nuestra madurez, sabiduría, convicciones,
fuerza de voluntad, raigambre moral. Por ello, la famosa frase “La ocasión hace
al ladrón es falsa; pues es el ladrón el que busca la ocasión” Quien es honrado por convicción, aunque tenga
todas las posibilidades de robar, no robará: es educado en honradez; es honrado.
Llamaremos, entonces, educador a quien influye positivamente en la
autoeducación de los demás, creando situaciones educativas que orienten, guíen
al educando. El educador enseña; pero es
el educando quien siempre tendrá la última palabra: él decidirá si aprovecha o
no la oportunidad que se le ofrece.
Inversamente, a pesar de las malas influencias, de las presiones para
actuar indebidamente, tomar malas decisiones, no hacer lo que se debe hacer, el
educando se educará, superando las adversidades que provienen del exterior y
sus propias limitaciones. El gran
pianista, es un gran pianista, gracias a su don y voluntad de serlo: el gran
maestro de piano sólo le cooperó e influyó positivamente.
10º Debido a que autoeducarse o educar es
complejo, requiere de constantes decisiones, acciones, colaboración de otras
personas, materiales o medios diversos, organizamos las acciones, hacemos
proyectos, planificamos, esto es, creamos un sistema educativo. Llamamos sistema educativo, a la forma como
cada persona organiza sus diversas acciones para educarse: lecturas, tiempos de
reflexión, diálogos, indagación, experimentación, trabajos, programaciones,
estrategias de aprendizaje, etc. Por
extensión, se usa la palabra sistema educativo para referirse a la organización
de las acciones educativas a nivel formal mayor: sistema educativo de una
escuela, de una comunidad, de un país.
11º Por último,
digamos que llamamos educatividad a esta capacidad de facilitar (influir)
positivamente en la educación de los demás, poniendo al servicio de ello todas
nuestras potencialidades. El educador es
un creador de situaciones que instan al educando a educarse. Sócrates es un símbolo de los educadores,
pues dio su vida por enseñar la verdad; en homenaje a él y a todo educador el
nombre de “Aulas Socráticas” a pequeñas reflexiones temáticas. Precisamente, en
este punto, deben recurrir a lAula Socrática I: “El perfil del educador y
su amor por la verdad”, cuya entrada
aparece en la columna derecha de este Blog.
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